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La pandemia supuso un respiro al despoblamiento rural

La UAB y el CED publican el primer estudio que analiza las migraciones internas en España durante la pandemia.

Publicado por AdmonVlc
martes, 01 de febrero de 2022 a las 13:44

Una investigación liderada por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y el Centro de Estudios Demográficos (CED-CERCA), que se publica hoy en la revista divulgativa Perspectivas Demográficas, ha analizado los cambios de residencia de la Estadística de Variaciones Residenciales (EVR) entre los 8.131 municipios españoles, hallando alteraciones en los patrones de las migraciones internas durante 2020, en comparación a la media del periodo 2016-2019.

El estudio titulado “Cambios de residencia en tiempos de COVID-19: Un poco de oxígeno para el despoblamiento rural”, ha sido realizado por los investigadores Miguel González-Leonardo, Antonio López-Gay y Joaquín Recaño, del Centre d´Estudis Demográfics (CED-CERCA) y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), y por Francisco Rowe, de la Universidad de Liverpool.

Esta investigación constata que los movimientos hacia las ciudades descendieron un 15,4% y las salidas desde estas en dirección a otros municipios españoles aumentaron un 6%, con un mayor incremento en las emigraciones internas desde las ciudades más pobladas: un 21,0% en Madrid y un 13,1% en Barcelona. En consecuencia, se registró una pérdida de 127.442 habitantes en 2020, frente a la cifra de menos 20.200 en el periodo pre-pandémico.

En las áreas rurales, la dinámica fue a la inversa. Las salidas disminuyeron un 12,6% y las entradas aumentaron un 20,5 %, con un saldo migratorio positivo de casi 88.347 personas en 2020, en comparación a la pérdida de 8.034 de media del periodo 2016-2019. En cambio, en los espacios periurbanos y las ciudades pequeñas sin área urbana no hubo grandes diferencias.

El estudio concluye que estos cambios supusieron un respiro a los procesos de despoblamiento rural, principalmente en los municipios vinculados a las ciudades por la presencia de segundas residencias o lazos familiares y sociales derivados de corrientes migratorias rural-urbano durante décadas.

Crece el atractivo de las áreas rurales y disminuye el de las ciudades

Los municipios de menos de 10.000 habitantes fueron los destinos hacia los que más se incrementaron los flujos desde las principales ciudades en 2020, especialmente a aquellos situados entre 40 y 160 kilómetros de las principales urbes. La emigración interna desde Madrid aumentó pues un 20,5%, y desde Barcelona, un 13,1%.

La mayor parte de los municipios rurales registraron ganancias de población por migración interna en 2020, debido, por un lado, al descenso de la emigración y, por otro, al aumento de la inmigración desde las ciudades.

Las áreas rurales vinculadas a las grandes ciudades por la presencia de segundas residencias o por vínculos derivados de corrientes migratorias rural-urbano durante décadas fueron los territorios con las ganancias de población más elevadas: los municipios del Sistema Central conexos con la metrópoli de Madrid (el sector septentrional dela provincia de Madrid, el oeste de Guadalajara, el este de Toledo y la franja meridional de Ávila, Segovia y Soria); el Pirineo Catalán, la Costa Brava y la Costa Dorada, ligados a la ciudad de Barcelona; el Pirineo Aragonés, con una fuerte vinculación con la ciudad de Zaragoza; el noreste de la Cordillera Cantábrica, al norte de Burgos, vinculado al País Vasco. Por último, resaltan los pueblos del sureste del Sistema Ibérico y algunas localidades litorales del Comunidad Valenciana.

La irrupción de la pandemia tuvo un impacto notable en las migraciones internas durante 2020 y supuso un respiro a los procesos de despoblamiento rural. Sin embargo, las variaciones observadas están lejos de representar un cambio en el modelo migratorio español o una reversión de los procesos de despoblamiento rural.

Los investigadores autores del estudio señalan que "la mayor incidencia de la pandemia en áreas densamente pobladas, las restricciones de movilidad, la voluntad de mejorar las condiciones habitacionales y la expansión del teletrabajo podrían haber modificado los comportamientos residenciales de la población de manera temporal durante los primeros meses de la pandemia, pero probablemente no a largo plazo".

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